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Plan B. Hermes

Las maletas, los preparativos, los andenes. Los viajes le ponen nerviosa. No sabe si es la planificación o pura asociación circunstancial. Demasiadas despedidas en los andenes.  Malditas estaciones y malditos andenes. Putas despedidas.  Han sido tantas veces las maletas emocionales que han terminado derramando la sal en un abrazo que se le activan solos los mecanismos de defensa y las emisiones sintomáticas ansiosas. Esta vez el nudo que tiene en el estómago es un tanto shibari. Habrá un andén y un par de despedidas, pero le pone mucho y fuerte la idea de doblar el mapa aunque pocos la entiendan.  Un mapa. Le encantan los mapas. Después de llorar a todas las N. que ya no son y subirse al mismo tren que abandonará antes de llegar a San Fernando, le sobreviene  la necesidad de hacerse con un mapa cuando pise tierra firme.  Una despedida. Una parada. Dos despedidas. Otra parada. Una Carmen salvaje apareció a sus espaldas y se la llevó del brazo hasta un taxi, despi...

Plan B

Entró con los pies más pesados que el plomo y salió como la que acaba de comprarse unos nuevos: rara, pero ni tan mal. La vuelta a casa, a 35º a la sombra, fue probando la mecánica extraña que se había instalado entre las cejas y poco a poco, lo que parecía haber empezado con un "¿por qué no?"  se estaba convirtiendo en un irremediable "Te toca ya".  ¿Dónde estaba cuando se trataba de ella? Había aprendido a dibujarse en torno a las cosas que la rodeaban, a las personas que entraban o pasaban por su vida o incluso al tiempo que decidía cuándo estaba más o menos presente. Había pasado una vida en contexto, agarrando los pinceles y dejando para el final lo que verdaderamente más importa y sin importarle demasiado.  -¿Y tú qué necesitas? - ... - ¿Te has planteado qué es lo que necesitas tú? - No lo sé. "No lo sé" ¿Cómo coño no iba a saber qué necesita? Nuria toma nota y N. imagina que en esa nota escribe "esta pava está perdida".  - Barcelona. Neces...

Biznaga

El agua salpicando en las zapatillas, calando los calcetines, la piel y hasta los huesos. Huesos de viento que sobrevuelan cielos de agua clorada en el verano de tus taitantos. Brinda por esa tierra donde brotan las uvas aladas de encuentros y adivinanzas. Hablemos del tiempo, de hacia dónde mecen las mareas y de incendios forestales. De cortafuegos. O no hablemos de nada. Miremos las olas saladas al viento, creando formas con los dedos en la noche despejada de tu cuerpo. O no miremos nada. Seré viento que arrasa y destruye o brisa que eriza la piel de los naranjos cuando sopla por la espalda. Serás agua que arrastra y destruye o esa que brota y fluye conquistando las piernas en mar abierto. Seremos elementos. O elementales. O no seremos nada. Que los huesos vuelen y se cumplan tus ganas. Que siembres en tus ojos jazmines, florezcan y adornen tu cuello. Que recoja los momentos y con ellos te construya una biznaga.

Alicia.

Hoy he tenido una regresión. Alicia ha vuelto a entrar en mi vida atravesando la puerta que va desde ese sillón verde con olor a humor negro de la que asume su próxima ausencia y caramelos de café, donde un día nos conocimos, hasta el despacho del centro donde repito cansinamente y repito cansinamente y repito cansinamente. El pecho nota el puño despertando con brío a esa Alicia que me cuenta sin espejos ni tapujos quién es y lo poco que le queda. Despierta en mí sus últimos vaciles a esa muerte que la mira de frente y ese cáncer, maldito cáncer, que se come sus pulmones pero jamás el brillo de sus risas ni la melodía de sus ojos.  Hoy entró Alicia en el cuerpo maltrecho de Mercedes. Otro bicho le come los pulmones y mientras espera mi cantinela una llamada le cuenta que la radioterapia tiene ya su marca en el calendario. Mercedes se encoge y se sobrecoge y mira de refilón a su hijo buscando una mano invisible que sostenga sus dudas. Su hijo se expande sin moverse y la envuelve en ...

No quedan días de verano

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Recuerdo esos veranos con dedos arrugados, la piel de gallina secando entre chapuzones y unos pulmones agotados de tanta felicidad.  El calor apretaba en esas mañanas de verano y mi abuelo nos llevaba a la piscina municipal: el mejor lugar del universo. Nos despertábamos los primeros y preparábamos nuestras mochilas con olor a cloro. Escuchábamos a nuestra abuela repetirnos cada día que no entrásemos a los vestuarios sin chanclas porque unos bichos malos llamados hongos se nos pegarían a los pies y nos los mancharían para siempre . Cogíamos los bocadillos y emprendíamos la ruta. Recuerdo los abonos de cartón, al señor de la entrada haciendo un agujerito por persona y nuestra carrera hacia el interior. Siempre éramos los primeros, el césped olía a mojado y buscábamos nuestro rincón habitual, cerca de la piscina de 5 metros.  Siempre quise evitar la ducha previa al primer zambullido. No entendía eso de tener que mojarme antes de volver a mojarme. Cuando pude evitarlo, me hi...

Canto, guijarro, pedrusco, agua.

Tanto tiempo visualizando un quiero y no puedo que, cuando se puede y se tiene, parece de plástico. El tiempo ha seguido a su ritmo y yo he intentado seguirle la corriente.  Hoy, escuchando en la radio una entrevista que hablaba sobre los spoilers en series, la chica entrevistada dijo una cosa interesante que me viene como anillo al dedo para explicar (o no explicar) no sé muy bien qué. Decía que cuando los spoilers versan sobre un capítulo, las personas se centran en el contenido y desvelan detalles más concretos. En cambio, si se consumen bloques enteros sobre la serie (los famosos maratones), los spoilers suelen ser más de sensaciones, emociones, ya que hay mucho más material que sintetizar en nuestra cabeza y lo terminamos haciendo con "el regustillo" que nos deja. Así me siento yo después de tanto tiempo. No sabría contar con pinceladas finas qué ha pasado en tantas vueltas. Aunque para ser sincera, tampoco podría hacer un resumen basado en emociones y sensaciones al ret...

Pequeñas mujeres rojas.

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"Quería huir de la equidistancia. Hay asuntos que no se pueden tratar desde ahí, porque si lo haces estás mintiendo." (...) "La política no nos trae más que disgustos, hijos míos: hay que tener ideas, no ideales."