Entradas

1. Cuarenta grados a la sombra

Una gota de sudor cosquillea cuesta abajo por su espalda, coge carrerilla y pierde fuerza a la altura de la cintura. El 27 de julio broncea su cuerpo desparramado en una toalla mal estirada. La barbilla descansa sobre una de sus manos y sus ojos miopes parecen estar perdidos en cada grano de arena que peina con los dedos. El Nokia vibra a unos centímetros de la cara, sacándola del trance. Se sacude torpemente la arena y agarra el teléfono esbozando una pequeña sonrisa. Sabe que es ella. Es ella. Termina de leer el mensaje y se gira cara al sol. Coge aire y se incorpora, dejándose apoyar en las palmas de las manos. El mar se mezcla tan despacio con tierra firme que apenas podría ser escuchado si no fuera por la escasez de público. Mira a su izquierda y ve como el único turista a lo largo de toda la playa se levanta y camina con las gafas de sol en el pelo como prenda exclusiva sobre su cuerpo. Empuja la toalla lo suficiente para hundir los pies en la arena. Intenta ponerle edad y u...

Ella era Ella.

"La muchacha de pelo rizado y ojos marrones, miraba serena. Intentaba acordarse de algo que no le venía a la cabeza. A ella le gustaba pasar las horas pensando, reflexionando. También le gustaba escuchar MUSE, pasaba las horas muertas escuchando una y otra vez, canciones de la discografía de aquel grupo. Ella recordaba perfectamente cómo descubrió al que era su grupo favorito. Era jovial. Le gustaban los animales y quería mucho a su perra. Estudiaba Psicología, para el que la conocía sabrá que aquella carrera le venía como un guante. Se sentía observadora, le encantaba mirar a la gente que no conocía y observar sus gestos, sus comportamientos. Para ella era como analizarlos. Más de una vez, participaba con ella en un curioso juego que había copiado de un programa de televisión, como ella misma me confesó. Imaginaba la profesión de la gente que ante nosotros continuaban con sus acciones ignorantes e ingenuos, sólo por su actitud.  Ella siempre se mostraba muy segura de sí misma, o...

La mala educación

Imagen
Pienso que acabo de perder la fe en este momento. Y al no tener fe, ya no creo en Dios ni en el infierno. Si no creo en el infierno ya no tengo miedo. Y sin miedo soy capaz de cualquier cosa. -La mala educación.- 

Capítulo 47

Imagen
El el autobús de camino al colegio a la mañana siguiente vi pasar 4 coches rojos seguidos, lo que significaba que era un Día Bueno , así que decidí no estar triste por lo de Wellington. El señor Jeavons, el psicólogo del colegio, me preguntó una vez por qué 4 coches rojos seguidos hacían que fuese un Día Bueno , y 3 coches rojos seguidos un Día Bastante Bueno, y 5 coches rojos seguidos un Día Súper Bueno , y por qué 4 coches amarillos seguidos hacían que fuese un Día Negro , que es un día en que no hablo con nadie y me siento a leer libros solo y no almuerzo y No Corro Riesgos. Dijo que yo era una persona muy lógica, y que le sorprendía que pensara de esa manera, porque no era muy lógica. Le dije que me gustaba que las cosas siguieran un orden preciso. Y una manera de que las cosas siguieran un orden preciso era siendo lógico. En especial si esas cosas eran números o un razonamiento. Pero había otras formas de poner las cosas en un orden preciso.  Y por eso yo tenía Días Buen...

La decisión más difícil

Si alguien viajase por el espacio durante tres años y regresara, en la Tierra habrían pasado cuatrocientos años. Yo no soy más que un astrónomo de salón, pero tengo la extraña sensación de haber vuelto de un viaje a un mundo en el que ninguna cosa tiene mucho sentido. (...) Entonces es cuando me asalta la intuición: he estado mirando hacia el lugar equivocado. Los aborígenes de Australia, por ejemplo, al mirar entre las constelaciones de los griegos y los romanos el fondo negro del cielo encuentran un emú escondido bajo la Cruz del Sur, en un espacio en el que no hay estrellas. Pueden contarse tantas historias de las zonas negras como de las brillantes. Brian.  "La decisión más difícil". Jodi Picoult. Un pequeño fuego se apaga de un pisotón; el mismo que, si se tolera, no se sofoca con ríos enteros . (W. Shakespeare. Enrique VI)  

11.11.11

"Sigue sin gustarme el queso, ni el tomate, ni nada que sea fruto de la tierra (menos las patatas). Me cuesta infinidad salir de la cama y para qué negarlo, a veces incluso meterme en ella. Tengo la costumbre de poner diminutivos o apelativos cariñosos a los que me rodean y no llamar por el nombre de pila. Mis dos ordenadores, difuntos ambos en la actualidad, estaban bautizados. Me encanta conducir y si es de noche y llueve, mejor. Soy de esa clase de personas a las que el estado anímico les sale por la planta del pie cuando llevan el coche, que aceleran sin querer cuando la música en la radio lo pide. De esas que cuando pasa alguien por su lado en la calle aspiran y ponen olor al desconocido que pasó (y contiene el aliento si prevee malos resultados). Soy un desastre, nunca llevo nada al día y siempre acabo dejando todo para el final. Puedo pasarme años sin limpiar el cuarto y no me molesta dormir con las sábanas arrugadas del día anterior, ni del anterior del ant...

La cuenta está equivocada, pero cuadra.

"Existe una cosa muy misteriosa, pero muy cotidiana. Todo el mundo participa en ella, todo el mundo la conoce, pero muy pocos se paran a pensar en ella. Casi todos se limitan a tomarla como viene, sin hacer preguntas. Esta cosa es el tiempo. Hay calendarios y relojes para medirlo, pero eso significa poco, porque todos saquemos que, a veces, una hora puede parecernos una eternidad, y otra, en cambio, pasa en un instante; depende de lo que hagamos en esa hora. Porque el tiempo es vida. Y la vida reside en el corazón. " -Momo-