Dos y Azul

Sigue sin gustarme el queso, ni el tomate, ni nada que sea fruto de la tierra (menos las patatas). Me cuesta infinidad salir de la cama y para qué negarlo, a veces incluso meterme en ella. Tengo la costumbre de poner diminutivos o apelativos cariñosos a los que me rodean y no llamar por el nombre de pila. Mis dos ordenadores, difuntos ambos en la actualidad, estaban bautizados. Me encanta conducir y si es de noche y llueve, mejor. Soy de esa clase de personas a las que el estado anímico les sale por la planta del pie cuando llevan el coche, que aceleran sin querer cuando la música en la radio lo pide. De esas que cuando pasa alguien por su lado en la calle aspiran y ponen olor al desconocido que pasó (y contiene el aliento si prevee malos resultados).
Soy un desastre, nunca llevo nada al día y siempre acabo dejando todo para el final. Puedo pasarme años sin limpiar el cuarto y no me molesta dormir con las sábanas arrugadas del día anterior, ni del anterior del anterior. No tengo lugar favorito de la cama, aunque cuando duerme la persona que quiero en ella suelo acaparar su lugar a la noche siguiente, para dormirme oliéndola. Las casas huelen a las personas que la habitan, pero mi cuarto huele a mí y diferente al resto de dormitorios. Desde que lo limpié, no ha pasado un día en el que no mida proteger esa armonía lo más mínimo. Me gusta mi mundo y las ganas de compartirlo. Soy una clásica, me cuesta volcarme en algo pero cuando pasa, no me muevo hasta que me hacen perder el interés y cuando ocurre no hay vuelta atrás. Me encanta haber perdido el interés. Odio que me tengan pena y que hablen de mí para bien o para mal. Coqueteo sin querer cada vez que abro la boca, pero pocas veces hablo en serio. No me gusta la gente que miente por norma, o los que se dan golpes de pecho y se cuelgan medallitas. No me gusta que hagan cosas por mí, me hace sentir en deuda con la otra persona. Hasta hace 5 meses no sabía que podría estar enamorada de un gato, mi pequeña cazadora de humanos. Sigo enamorada de un lugar que no he pisado nunca. Ya no quiero que se enamoren de mí, quiero que aprendan a quererme de verdad y me he dado cuenta de que eso también se puede enseñar (el resto depende del alumno). Siguen sin gustarme las flores cortadas, ni los espacios cerrados con mucha gente y música alta. Mi gran mecanismo de defensa es el humor y la ironía y soy más tímida de lo que los demás pueden ver o más social de lo que yo quiero creerme. Soy rara. Aunque viva evitando los extremos y aferrándome al gris como color intermedio, últimamente he tenido que tomar decisiones de "todo o nada", para bien o para mal. Me reconozco superficial, aunque siempre he sido una folladora de mentes . Aunque sé lo que quiero y lo que necesito, acabo eligiendo lo que me rompe los esquemas. Hasta hace bien poco no me imaginé más en serio pasando la vida con un hombre, ni llegando a quererlo. Ahora me lo imagino. Todo el mundo que empieza a conocerme dice que tengo un muro enorme, que soy distante y cortante. Quien me conoce de verdad sabe que no es así. Soy una chinche y odio ponerme mala porque me pone triste. Me gusta el número 3, aunque el más importante en mi vida ha sido el 14. No tengo colores favoritos, voy cambiando, rojo y verde serían mi última apuesta. Si me dijeran ahora mismo "di un número y un color" serían el 2 y el azul.
No estoy loca, sólo hago cosas que al resto les da vergüenza hacer o decir por no hacer el ridículo. Yo de eso no tengo o me queda muy poco. Mi mejor amigo a veces me desespera, pero es la persona en la que más confío cuando estoy en crisis porque tengo muy claro cómo me quiere. Cuando no entiendo a las personas ni los sentimientos lo reduzco todo a la funcionalidad adaptativa del cerebro. Me encanta ser un caos, creer que no y luego que sí. Tener un algo que nunca cambia y pasarme el resto de la vida pensando que planear está genial cuando estoy segura que acabaré haciendo lo contrario. Me hace feliz sorprenderme y viéndome capaz de cualquier cosa sin tener ni puñetera idea de qué quiero hacer, ser o con quien estar mañana mismo.
Tener miedo es normal, no me asusta tener miedo ni reconocer mis limitaciones (siempre es el primer paso para sobreponerte). Soy vulnerable a las adicciones, necesito un cerebro sobreestimulado para ser feliz. Soy pobre, por lo que las personas son mi droga de diseño particular (y más perjudiciales si cabe que las habituales). Descarrilo por naturaleza, y eso ha pasado con esta entrada. No sé ni cómo la empecé ni cómo la voy a terminar.

Hay momentos en tu vida donde los retornos son imposibles, donde por mucho que te empeñes en quedarte tranquilito donde estás viene ese algo y te empuja, colocándote de frente ante algo que llevabas evitando tomar mucho tiempo, tus propios pasos. Esa costumbre de sentarnos a esperar que las cosas fluyan, que el mundo conocido desaparezca, o a cerrar los ojos y concentrarte en que si te quedas ahí, paradito, tranquilo y sin montar ruido un día volverás a tener todo lo que ya no tienes. Esa tendencia tan humana la comparto con los terrícolas.
El estado de pausa tal vez sea fundamental, pero al igual que lo que te llevó a él, la salida puede ser igual o incluso más dolorosa. Y así pasan las cosas, de golpe, a modo de sacudida violenta. Así y sólo así, entendemos que nuestras piernas, al igual que nosotros mismos, no son las mismas que cuando empezó tu alto en el camino.
Es extraño pero por mucho miedo que nos pueda dar ponernos en pie, nuestras piernas caminan solas casi por inercia y entonces, sólo entonces, comprendemos que son estupendas, que funcionan mejor que las anteriores y que para colmo te llevan a lugares nuevos.
Y así estoy, como el que estrena piernas nuevas.
No han dejado de pasarme pequeñas cosas en este tiempo, o mejor dicho, no he dejado de percatarme de esas pequeñas cosas que van pasando. Tengo ganas, miedo y una nueva actitud ante las cosas. He aprendido a cerrar círculos, a desprenderme de lo que me pesa y a buscar nuevos hábitos que egoístamente me hagan feliz.
Me di cuenta de que a veces merece la pena hacer las cosas bien y que otras, simplemente las haces salvaguardando lo que queda de ti (¿o salvaguardando lo nuevo?).

Un viaje en coche hizo que me entraran ganas de actualizar con algo que al final no se parece en nada a lo pensado (¿o sí?). Todo muy Géminis. Pero las divagaciones siempre acaban llevándote a lo que en el fondo tenías ganas de compartir.



((Mis agradecimientos especiales al operador de Dell que puso BSO in Live a la noche, que dibujó a mi gata y me enseñó un corcho de fotos muy estupendo. Brindo por él y por la siesta!;) ))

Comentarios

  1. Pues... No compartimos signo, pero podría haber escrito algunas frases casi literales :P


    ¡Un saludo!

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  2. ¿Y para cuándo actualizamos? :D

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  3. Autoprofecias cumplidas. :))
    Casi perfecta!

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