Qué ha pasado en estos casi dos años? Resumen


Hace mucho que no escribo. Qué feo comienzo y qué esperado, pero no se me ocurre otra forma de empezar a contar un largo (o corto, está por ver) nada que tengo que contar.

Cuando dejé de dejar testigo estaba cumpliendo los 27, hoy, estoy a un mes escaso de entrar en los 29. Sigo aparentando 10 años menos y, sin embargo, a mi cuerpo cada vez le cuesta más mirar al pasado sin añorar aparentar esos 10 menos cuando tenía un par de años menos que hoy.

Hace un año y unos meses murió mi abuelo y me di de bruces con un batiburrillo de emociones, mecanismos de defensa fallidos. Esa alienación en esa horrible semana de febrero. Recuerdo cómo a finales de enero pensaba en esa frase que dice "quien aguanta enero, aguanta el año entero" y me abrazaba a ella cuando los primeros días de febrero no parecían anunciar nada bueno. El olor a hospital, las horas en familia en la sala de espera, la última noche todos sentados a pares y yo ahí, de frente a esa bonita estampa. Volver a rezar, primero para que no se fuera y después para que por favor terminara pronto. Mi primer te quiero a mi abuelo, de forma consciente, adulta y madura. También fue el último.
Recuerdo negarme a llorar como forma de protesta, una forma estúpida y humana de no querer ver lo que estaría por pasar. El tanatorio, el darle la noticia a mi abuela, el agotamiento, la estúpida contención...Mi cara delante del cristal que me separaba de su cuerpo inerte, bien vestido, con sus manos entrelazadas y amarillentas y un semblante de quietud que a la mayoría nos costaba dejar de mirar.
El dolor de mi abuela, más cruel incluso, viendo como su compañero de viaje se iba para siempre, un Alzhéimer que no le dejó llegar preparada al golpe, que no le dejó recordar, cuando estaba delante de ese mismo cristal, que llevaba días visitándolo al hospital. Ni la dejó recordar al día siguiente que ya no iba a volver más, ni al otro, ni al otro, hasta que los ojos se le dejaron de empañar con la noticia de su muerte. Como si se les fueran secando junto con sus recuerdos.
Lo que son las cosas. Lo que es el Dolor, con cuerpo propio. Denso, pesado, raro, artificial.

Después de esto mi vínculo con mi abuela cambió. La veo irse, poco a poco, y cada vez que la miro tengo esa sensación de contención que tuve esos días de enero y febrero. Veo como olvida en menos de medio minuto qué iba a hacer, cómo repite acciones sin sentido, cómo pierde conexión con el mundo, cómo cada vez expresa menos con palabras y con los ojos donde en cada mirada busco todos los días ese vínculo. Que me recuerde. Tengo miedo a que me olvide, pero más miedo me da que en el proceso de borrado ella sienta miedo, se sienta perdida, sin vínculo.

En septiembre empecé un ciclo y, en enero, lo aparqué por un puesto de trabajo que me tuvo llorando de bonito y de no tan bonito las primeras semanas. Lo que dure la aventura, duró. Lo que sí que sé es que en mi puesto tengo la suerte de trabajar con personas que, como mi abuelo o mi familia, viven con miedo al olvido y que, como mi abuela, necesitan que su vínculo con el mundo dure todo lo que se pueda.
Está siendo la experiencia personal más enriquecedora que he tenido hasta ahora y hasta el último día que me quede con ellos, irá dedicado a esa ayuda que no le supe dar en vida a mi abuelo y a mi abuela, a la de ahora, a la que es.

Lo mejor de todo este tiempo, sin duda, ha sido mi constante. En el ranking de la entrada de mi cumpleaños, en el número 27 escribí un "ergonomía y parsimonia" que, sin duda, lo encontré meses después con ella.
Hace unas semanas viajamos a Madrid y mientras estábamos sentadas en una sala de teatro sólo podía pensar en que quería todos mis primeros con ella. Todos los segundos. Y ya vemos cómo lo hacemos con el postre, pero juntas.
Amiga, gemelier, persiana. Es el Nosotras con el que quiero aprender, crecer, ver ahondarse las arrugas de mis ojos de tantas risas y besar las suyas. Ella es mi mejor plan.

Para que se me pueda entender, ella es mi "ojalá hubieras conocido a mi abuelo" y mi "ojalá mi abuela te recuerde cuanto pueda".

¡Y qué sentido tiene todo cuando vives conectado a tu corazón!

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