Nobody (corazón) Eris


No hay nada. O tal vez un algo que más vale que fuera nada.

Muchos giros rotacionales, atardeceres, una inmensa superficie inhabitable y ese hedor a Tierra que tan poco me gusta. Abandoné Kepler. No estamos hechos de la misma materia. Es tan Tierra que la necesidad de sentirme parte de algo parecido a la humanidad me llevó de regreso.
La puta realidad. La Tierra. Los malditos humanos y su enfermiza capacidad de hacerte tan feliz como insignificante. Tan necesarios. Háptica, qué bonito nombre tienes.
En la Tierra volví a sentirme una del montón, tan capaz de todo. Tan capaz de tocar techo y fondo.

Lo he intentado, juro que lo he intentado. He perdido, ganado, follado, saltado, cantado, gritado, llorado, reído a carcajadas, teletransportado con la mente y viajado por donde me han puesto música de fondo. He deseado tanto el "esta vez sí" que, incluso durante un tiempo, no miré al cielo en busca de alguna señal de los restos de Eris. Miraba el azul del cielo con los pies bien cosidos al suelo, con el Alzheimer de mi abuela en esa mirada que me dice que ella está más cerca de las estrellas de lo que yo podría estarlo jamás en sus recuerdos.

Perdí humanos, gané otros tantos. He batallado tan desnuda de esperanza que se me astillaron hasta los huesos. Mi pequeño tupper suplidor de corazón humano ha sufrido metamorfosis, adaptado su impermeabilidad y tenido que entender que la sangre no es pertenencia, pero que la pertenencia bien puede hacerte sangrar. He tenido que embotellar una guerra ganada sintiendo que no siempre cuando se gana, se gana. Tan metida en la batalla que cuando parece que termina, el eco te roba el sueño. Te roba todo, hasta el sentido. A cambio te ofrece preguntas sin respuesta, verdades cortantes, vaticinios inciertos, drogas para poder dormir y un montón de basura que ni el Valium es capaz de hacer enmudecer. 

No hay nada. O muchas cosas. Estoy tan alienada que esta atmósfera me resulta irrespirable. ¿Dónde quedan los atardeceres anaranjados y las golondrinas? 

Nadie tiene claro a dónde ir, como dice la canción . Pero hoy, justo cuando derramaba toda la sal que acumulaba desde que se declaró la guerra, Eris me mandó un leve destello de reconciliación. He sentido como sus partes repartidas a millones de kilómetros se han sentido tan atraídas entre sí que el impacto lo ha devuelto a esa órbita inversa de la que nunca debió desprenderse. 
Nos perdimos juntos. 

No hay nada, pero me voy con lo puesto.

Comentarios

  1. Es curioso habitar planetas colonizar y despues partir. Así como esa sensación de vivir en el sinsentido como preguntandose si hay algún sentido, la logica del astronauta nunca es la misma en cada misión... lo importante es seguir conociendo las estrellas hasta que en alguna de ellas se pierda toda comunicación con... Houston.

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